Con un poco de suerte

Con un poco de suerte,
se sacudirían los mares,
uniendo dos continentes,
con un deseo que subvierte,
cada una de las leyes globales,
de cada latido nacerían puentes.

Hay algo de mí

Hay algo de mí en la plaza central de Sahagún,
en esa casa blanca, testigo de los recuerdos más bellos y perennes,
en las calles pedregosas de San Telmo, Corrientes y Güemes,
en una estrella fugaz en La Serena y risas en Concepción,
en las nostálgicas murallas de Cartagena,
la luna llena de Barranquilla, en Puerto y su malecón,
como ves, hay fragmentos de mí por doquier,
en la brisa, la lluvia, los cantos,
en las sonrisas, los miedos, los llantos, 
en los besos, las promesas y los sueños,
en el “jamás”, en el “tal vez” y en tus brazos.

La incertidumbre

La incertidumbre es la más brutal de las sensaciones,
una autopista sin señales o estaciones,
un set de piezas sin manual o instrucciones,
eres tú, allá o aquí, entre interrogaciones,
una balsa a la deriva entre dubitaciones,
fantasías etéreas entre cavilaciones.

¡Lancemos la casa por la ventana!

¡Lancemos la casa por la ventana!
que vuelen las mesas, las sillas,
las almohadas, los platos, las copas,
los libros, las cartas y los miedos.

Y

La vida, en su continuo devenir, nos amenaza con sus dardos en forma de condicionales:

si le conozco y…
si le escribo y…
si le llamo y…
si le beso y…
si le digo y…
si (inserte lo que quiera) y…

Ese “si”, catalizador de los peores escenarios imaginables,
fruto de la creatividad de nuestros miedos,
la falta de coraje y delirios por el drama,
que impide saber qué hay realmente después de ese “y”

Camino

Un invierno constante, entre nubes de alquitrán,
un caudal moderado, un perdón ¿qué más da?
hay fragmentos en el aire, de quien estuvo aquí,
hay instantes imborrables, hay minutos sin fin,
entre recuerdos se busca un olvido a convenir,
una salida oportuna para quien no quiso herir,
si somos arena, agua y sal ¿llegaríamos a ser mar?
si somos solo errores es largo el camino por andar.

Dos firmas, adiós

Que mis pasos no persigan tus huellas,
como un eco silente que renueva tu voz,
no quiero saber de letras y formas llenas,
que aparecen sin premura a acabar el amor.

Y juramos, y mentimos, y nos condenamos,
a ser el brindis en favor de la sed de terceros,
y reímos, y soñamos, y aquí nos encontramos,
para ser ahora solo dos nombres con unos sellos,
un archivo más en los listados de algún casillero.