La balsa

Así como Tanguito, quise construir una balsa,
pero en cambio yo, partí del lugar que más quería,
las ideas emergen si algo dentro nos rebalsa,
sumergiendo los deseos de esperar el “algún día”,
cuando aun siendo el mismo talle, tristemente no calza,
el naufragio es esperanza, llámenlo locura u osadía.

Libertad

¿Puedo ser pensamiento y no verbo?
¿puedo acaso vivir sin cuestionar?
lo poco es todo para quien ha estado adentro,
aislado de la necesidad de indagar,
vivir como autómata de la vida es un riesgo,
¿cómo asumir como propia una ajena verdad?
porque dudo, sé que pienso,
porque pienso, no he de parar,
hoy de la masa me desprendo,
me abro paso a vivir mi libertad.

No busco milagros

No busco en el cielo milagros,
los he sentido en mis manos,
en algún discurso sorpresivo,
en lo puntual o intempestivo,
al cruzar la calle, al sonreír,
al amar, al respirar, al vivir,
nunca busco milagros,
llegan sin llamarlos

Copos de nieve

Me gustan los copos de nieve,
porque pese a unas geometrías prescritas,
se visten en cada invierno de nuevas formas y aristas,
no precisan ser silueta homogénea y sinuosa,
ni se ciñen a un estándar de belleza presuntuosa,
me gustan los copos de nieve,
porque no anhelan ser otra cosa más que nieve

¿Tarde?

¿Tarde?
¿Qué tipo de eje imaginario mide el tiempo establecido?
¿Quién se supone sitúa en el mapa el puerto de arribo?
¿Existe un patrón calculista que determina el tic tac y el ritmo?
y en el habitual delirio prospectivo,
¿Por qué mi mañana o tu hoy no pueden ser lo mismo?
más allá de los tiempos verbales y promesas prescindibles,
somos almas gravitando al compás de tonadas predecibles,
somos pasos marchando en medio de un collage de huellas,
somos tiempo sin vida,
vida sin alma,
y alma,
sin tiempo

Verde mar

A mi querido Pachón
Vi sus ojos, verde mar, ojos tristes, triste mar,
como olas leves, sin despedirse su oleaje se va,
como arena densa y tupida que alberga tantas huellas,
sus cabellos blancos y su risa, han sido regalo profundo a mi vida

Indeleble

No se ha ido quien se recuerda
con el vívido fervor de la añoranza,
con la sonrisa que desprevenida sin dudar se muestra,
indeleble, como el regocijo del alma,
que solo el cariño de un buen amigo ensalza