La espera

La caricia que previó el fin,
el mensaje que ya no llega,
no querernos nos resulta vil,
vil, mantener la inútil espera.

La espera de algún firme plazo,
del nunca “momento indicado”,
saber si soltar o apretar el lazo,
interrogante siempre afincado.

Habrá

Habrá vacíos, habrá espacios,
habrá senderos y epitafios,
habrá tantos menos “hay”,
desplazados por los “hubo”,
como aquel consuelo de tonto,
de a quien se le derrama la vida,
sin haber vivido un poco.

Y sonreí

Inmutable,
con esa imperturbabilidad estoica,
“no te preocupes por nada, son cosas que pasan”,
y sonreí,
sonreí con las lágrimas internas,
como lo hacemos los cobardes,
cuando al borde del abismo,
damos cuenta que somos mortales.

Y sonreí,
sonreí con la mirada fría del “no me importa”,
todos tenemos nuestros mecanismos de defensa,
cuando al frágil corazón lo abandona la tropa.

Violencia

La violencia tiene sabor a sangre,
huele a pólvora, a sudor y miedo,
tiene rostros y más de un nombre,
se disfraza de fascismo, de guerrilla,
o de un buen terno.

La violencia tiene listas,
y caravanas de la muerte,
a veces luce escarapelas y medallas,
atesora cartas sin remitente,
brinda ultimátums, fuego,
y acorde de metrallas.

La violencia deja rastros indelebles,
frases sobre rocas,
cicatrices y vacío en los torturados,
incertidumbre ante los desaparecidos.

Deja marcos sin foto, tumbas sin lápida,
y cava fosas,
las de los muertos se cierran,
pero no las de la memoria.